Viajes · En español
Colonia para principiantes

Entre los gritos se escuchaban algunos lamentos. Muchos hombres lloraban tras la procesión que cargaba el cuerpo inerte.
Resultaba curioso el grupo: marineros ya sin gorra, bandidos, uniformes manchados de cerveza, pelucas maltrechas.
Gritaban: culpable, culpable.
¿Quién es culpable?, preguntaba uno de los con antorchas que precedía la procesión.
El Nubbl, respondíamos casi al unisono.
¿Qué debemos hacer con él?
Quemarlo, quemarlo.
Esa misma ceremonia se estaría repitiendo igualmente en diferentes puntos a lo largo de toda la ciudad. Terminaba el carnaval de Colonia y si durante esos seis días había sucedido algo vergonzoso, inmoral o prohibido, el Nubbl era el culpable y habría que quemarlo junto con todos esos reproches. Muy práctico en la piadosa Colonia, la de las 11,000 vírgenes, la de la monstruosa catedral que alberga los restos de los tres reyes magos.
Aunque el carnaval comienza oficialmente el día 11 del mes 11 a las 11:11 con una gran fiesta que continúan los grupos de los carnavalista más asiduos. El gran carnaval comienza a las 11 de la mañana del jueves anterior al miércoles de ceniza. Ya para medio día muchos estaríamos borrachos y nadie parará hasta la quema del Nubbl. Toda la ciudad está de fiesta: 24 horas, 6 días. Siempre habrá gente disfrazada por la calle. Se bebe alcohol en los bares, en las casas, en la plazas, en las calles. Los iniciados saben que la mejor noche será el domingo. Los turistas ya se han ido y los locales festejan repitiendo una tras otra las canciones de carnaval. Eres de Colonia, entona una: eres supertolerante.

![]() |
| Ojo con el auto de policía atrás |
Los alemanes no bailan pero los gusta cantar, se toman de los brazos y entonan una tras otra las canciones que exaltan la belleza de la ciudad, la bondad del agua de Colonia, la lealtad de las muchachas de Colonia y cualquier cosa de Colonia que se pueda repetir en algún sencillo estribillo. 6 días x 24 horas de las mismas canciones y la cerveza local, la Kolsch, bien fría en vasitos pequeños de 0,2 l que rápidamente, con eficiencia alemana, llegan uno tras otro en cada paso del mesero.
Archivo fotográfico


