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El plagio

 El plagio

Obra de ficción en incontables actos

 

Hay trabajos bizarros y desde que el abogado comenzó a explicármelo, entendí que se trataría de uno de ellos. Había ganado su entera confianza cuando libré a uno de sus clientes de una acusación de violencia familiar. Al contrario de lo que todos imaginaban, presenté pruebas suficientes para demostrar que su mujer comenzaba las agresiones, y como él lo había explicado, no se atrevía a defenderse para no causarle daño y las heridas de ella se debían a sus propias acciones. 

Hasta ahora se habían tratado de asignaciones simples: infidelidades, espionaje industrial y sobre todo construir pruebas para sus casos. Manejábamos un sencillo contrato de confidencialidad que a veces hasta olvidábamos de firmar, pero en esta ocasión no sólo me presentó un documento bien detallado con graves penas si incumplía sus cláusulas, sino que además lo acompañaba alguien para dar fe de la firma. Supuse que se trataría de algo gordo, pues la persona tuvo cuidado de verificar todos los detalles y tomó fotografías cuando firmaba y los notarios sólo estaban dispuestos a moverse de sus oficinas para peces gordos.

Me habría gustado tener más tiempo para revisar el documento, pero como la pandemia había mermado mis ingresos acepté sin mucho reproche. A fin de cuentas, mi trabajo dependía de la fidelidad ciega a quienes me contrataban. 

Solicité copia del documento. Pero, el abogado me miró, y con la expresión de sus rostro y posición de las manos dejó en claro que en estos casos nunca se entrega una copia. Una vez que se retiró el notario, me explicó el caso. Solicitaba que investigara un plagio. Los detalles resultaban bastante extraños. 

En general no leo periódicos ni veo noticias salvo por cuestiones profesionales, así me evito preocupaciones innecesarias. Además de los acontecimientos importantes siempre se entera uno. Prefiero la literatura. La ficción es más honesta que cualquier reporte de la realidad. Ya lo escribía Daniel Sada: porque parece mentira, la verdad nunca se sabe.

El caso tenía que ver personas importantes y había mucho, mucho en juego. Poder y dinero, así que seguramente podría elevar mis ingresos gracias a los cargos adicionales. A fin de cuentas terminarían diluidos entre los gastos de alguna dependencia del gobierno.

 

Apenas recibo los primeros datos, en mi cabeza voy tejiendo la investigación: si tendré que trabajar de noche, si habrá que seguir personas, etc., así defino mis recursos, pero esta vez todo parecía una paradoja. Se trataba, según quien me contrataba, de un trabajo publicado tres décadas atrás que había sido el plagiado por otro. Lo extraño es que el plagio había sido publicado antes que el plagiado. Tenía que encontrar pruebas de ello. El abogado había articulado la palabra encontrar de manera pausada para dejar en claro el objetivo de mi contratación. En un trabajo como el mío, más ahora que todo puede quedar gravado, nunca se dan instrucciones directas. 

 

Sin faltar al contrato de confidencialidad que me impide revelar los nombres, llamaré al autor del trabajo plagiado la Sujeto A, y a quien público un año antes la obra supuestamente fruto del plagio, el Sujeto P, y a sus respectivos trabajos A y P.

La lógica nos diría exactamente lo contrario, el trabajo P publicado antes podría haber sido copiado por la sujeto A. Si no podía demostrarlo al menos tenía que ayudar a la confusión. 

Ya desde la primera hojeada comprobé que las dos obras resultaban idénticas. Hasta las mismas faltas de ortografía. Sólo los agradecimientos, la introducción y el nombre de los autores resultaban diferentes. Me evocó inmediatamente la obra de Pierre Menard quien, en pleno siglo XX, había escrito varios capítulos del Quijote. El mérito del autor es que había logrado, sin copiarlo, reproducir letra a letra la obra de Cervantes y por eso, señalaba Jorge Luis Borges, varios críticos consideraban que la obra de Menard resultaba más valiosa que la del manco de Lepanto. 

 

El caso no resultaba sencillo ya que tenía una clara intención política entre el grupo en el poder y una oposición también poderosa. El plagio había sido develado por un periodista opositor al gobierno donde acusaba a la sujeto A de haber plagiado al sujeto P y yo tenía que probar exactamente lo opuesto. En respuesta a la publicación del caso, la sujeto A negó todo y presentó varias cartas elogiando su probidad, lo que no aportaba nada a mi investigación. Una ventaja es que nadie se cuestionaba como la sujeto A, ya contando con su trabajo de tesis listo años antes, había decidido posponer su titulación, así que tenía que evitar ese tipo de preguntas.

 

La directora de ambas tesis (que llamaré Maestra X) sería pieza clave en este asunto. Según la información disponible había dirigido al menos 500 trabajos a un ritmo de más de uno al mes. Ya se habían descubierto dos trabajos más con grandes partes iguales a los de A y P, pero no copiados en su totalidad. Definir un modus operandi en la venta de tesis no sería difícil pues resultaba una práctica nada extraña en esos ambientes. Si lograba comparar los ingresos declarados de la maestra con su patrimonio y sus gastos podría tener indicios de la ilegalidad pero eso no dilucidaba quién habría escrito la obra original y no tenía ningún sentido afectar la ya dañada reputación de la maestra X, además de que el abogado me había explicado que ella estaría dispuesta a cooperar en cualquier cosa que necesitara. 

La académica había complicado el asunto. Nada más se develó el problema, declaró que en un estado de arrepentimiento sólo parecido al de Raskolnikov, el sujeto P había dejado una carta en su buzón donde de su puño y letra confesaba su ilícito. Quizás, como el personaje de Dostoievsky, se daba cuenta que él formaba parte de los seres inferiores de la sociedad que deben de estar sometidos a las leyes, mientras que la sujeto A formaba parte de los seres superiores con derecho a cometer crímenes para supuestamente lograr el bienestar general de la sociedad. 

Posteriormente, supongo que gracias a un sustancioso pago (poco a poco me daba cuenta que no sólo millones estaban en juego sino también el control político del país), el sujeto A había ratificado su firma ante un notario que seguramente sería el mismo que me había visitado. Luego el sujeto P dándose cuenta de las implicaciones que tendrían en sus actuaciones profesionales la pérdida de su título, negaría todos los hechos, pero ya estaba condenado, había fotografías suyas aceptando como suya la carta de arrepentimiento.

El argumento de la sincronía mental, premoniciones o espiritismo que permitieran una explicación metafísica de cómo alguien en el pasado había copiado una obra del futuro en otros casos estaría fuera de lugar pero ahora mi trabajo consistiría en enredar más el asunto y encontrar distractores para la opinión pública, así que le pedí a mi asistente que buscara el teléfono de la Paca y que convocara a los bloggeros que me indicó el abogado estarían a mi disposición para difundir cualquier información que considerara relevante. La famosa médium ya una vez me había ayudado a justificar el sorpresivo descubrimiento de los restos de un crimen, y esta vez usaría de nuevo sus servicios.

 

Colonia, enero 26, 2023