Política y opinión · En español

Spota, Luis, “La víspera del trueno”, México 1980.

Fotografía de Spota, Luis, “La víspera del trueno”, México 1980.

 La costumbre del poder

Spota, Luis, “La víspera del trueno”, México 1980.

 

Fotografía del archivo de Deutschlango
Como parte de la serie “La costumbre del poder”, donde el periodista y escritor Luis Spota, a través de un país latinoamericano imaginario, retrata lo peor de la política mexicana en la época dorada del príismo, el último libro, “la víspera del trueno” comienza con el discurso del dr. Víctor Ávila Puig frente a la ONU. El economista va improvisando sin apegarse al discurso preparado por sus asesores, extendiéndose pasando por los  héroes de su país sin que a nadie de sus interlocutores internacionales les interese. Después de dos horas, los únicos que permanecen en la sala son sus asesores y las personas que han sido pagada para ello. 

 

El libro nos muestra los abusos del poder tanto del presidente como de todos los que se encuentran a su alrededor. El personaje principal se ha transformado del joven y prometedor reformador a lo que en voz de quien fuera su maestro: “... autoritario, pedante, como si fuera dueño no sólo de la verdad, sino de toda la verdad. ¿Soportar una crítica? Se sulfura apenas siente que uno se opone a él. ¿Disculparse si ha cometido un error? Menos.”

 

A lo largo del libro, en una prosa fluida, el autor nos cuenta la búsqueda del presidente Avila para conseguir, con todos los recursos del país, su entrada a los libros de historia como gran transformador y líder de la fraternidad de los pueblos sin preocuparle la administración correcta de su patria. Un coronel describe preocupado la situación: “la corrupción existe, como entonces, aunque corruptos y corruptores sean otros… Se encarcela a unos pocos para dar ejemplo, pero muchos siguen robando con una avidez que en el pasado parecía inconcebible… Urge firmeza. Que haya congruencia entre lo que se predica y lo que se ejecuta…” 


Mientras el presidente se preocupa por la fraternidad universal y lucha por los derechos humanos en otros países, su propia nación está sumida en corrupción y violencia, y los organismo del estado en contra de la corrupción como la “fiscalía especial del enriquecimiento ilícito” , son armas en contra de quienes critican al régimen.

 

En un arrebato, el presidente del país decide emprender grandes obras y uno de sus ministros comenta al respecto: “Todo esto, tan costoso, no pasa de ser un capricho personal del doctor Ávila Puig. Otros presidentes, los que crearon viaductos, periféricos, vías rápidas de superficie; los que iniciaron e Metro y el sistema del drenaje profundo, estudiaron los pros y los contras de cada aventura: tomaron su tiempo para decidir; se hicieron aconsejar; reunieron el dinero que iban a gastar y sólo entonces se decidieron a emprenderlas… Don Víctor, en cambio, se limitó a decir una mañana: Empiecen, antes siquiera de tener terminados, afinados en su fase preliminar los planos, los cálculos de costo y los programas de financiamiento; lo cual explica la caótica forma en que se trabaja y por qué con tanta frecuencia lo que hoy se hizo es destruido mañana para volver a ser edificado en seguida. Hay órdenes: contra-órdenes; Desorden: Carencia total de organización. Ausencia de Planeación. En una palabra: desmadre…”

 

Al final, cansados del caos, algunos generales del ejercito deciden tomar el poder y el libro termina con una frase que aparece pintada en un muro:

 

“EL REMEDIO ¿PEOR QUE LA ENFERMEDAD?”

 

Quizás valdría releer la serie de Luis Spota quien supo retratar el funcionamiento del sistema presidencialista mexicano cuando el líder del ejecutivo era omnipotente sobre todos los demás poderes del país.