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Todos somos Ayotzinapa
Todos somos Ayotzinapa excepto Peña
Hace dos años, escribía esperanzado sobre el movimiento estudiantil que
había despertado la visita del entonces candidato del PRI, Enrique Peña Nieto,
a la Univerisdad Iberoamericana (elitista universidad jesuita) cuando, tratando
de desacreditar los reclamos que había recibido durante su visita por la
represión como gobernador del estado de México en contra de campesinos), las
dos principales televisoras que le daban todo su apoyo, afirmaron que la
rechifla que lo habia obligado a refugiarse en un baño y a huir por la puerta
trasera, había sido causada por infiltrados a la universidad. Gracias a los
actuales medios de comunicación donde poco se queda oculto para la red y por lo
tanto para la “elite” de este país que tiene acceso a ella, 131 estudiantes
subirían un video donde mostrando su credencial de la universidad legitimaban
sus reclamos al candidato. De allí surgiría el movimiento #yosoy132, aludiendo a
todos los que nos sumábamos como el miembro 132 de ese movimiento que
legitimaba el reclamo ante el manejo parcial de la información que hacían las
televisoras, y como repudio al PRI y a su candidato. En ese entonces se
hablaría de la primavera mexicana en alusión a los movimientos que habían
surgido en los países árabes.
A partir de allí se integrarían otras unviersidad pero poco nos duraría
la esperanza de este aunténtico movimiento. Antonio Atollini, uno de los
miembros más visibles de #yosoy132 sería contratado por Televisa y él, ante
esta contradicción en su proceder, se justificaría afirmando que buscaba
cambiar las cosas desde dentro.
Desde antes de la toma de posesión, el PRI renacía como el ave Fenix pues
comenzaron las reformas, primero la reforma laboral y aunque algunos senadores
de oposición pugnaban por que se permitiera auditar a los sindicatos (hasta el
día de hoy pueden hacer lo que quieran con sus millonarios recursos muchos de
ellos proporcionados por el gobierno sin que nadie ajeno al sindicato
totalmente controlado por sus líderes pueda auditarlos), el PRI con el apoyo
del PAN y el Partido Verde, bloquearía ese cambio y con ello garantizaría la
lealtad de los líderes sindicales.
Ante la inminente toma de poder después del triunfo de Peña Nieto que
estuvo plagado de escándalos y corrupción (un partido de oposición demostraría
la compra de votos vía tarjetas de despensa entre otros muchos escándalos pero
el tribunal federal electoral desecharía la acusación), se había convocado para
una megamarcha de protesta para el día de la toma de posesión. Desde días
antes, las “fuerzas del orden” convirtieron el Palacio Legislativo donde se
llevaría a cabo la el vento, en un bunker rodéandolo de grandes vallas de acero
y juntando a las policias antimotines de la ciudad y Federales.
Quedará marcada la toma de posesión del priista pues ese día la policia
arremetío con violencia en contra los manifestantes cometiendo todo tipo de
atropellos y deteniendo a cuanta persona pudo con tal de desalentar la protesta
social (por ejemplo una mujer que pasaba cerca de allí con su esposo y sus
hijos fue detenida). Lamentablemente el gobierno del Distrito Federal, bastión
de la supuesta izquierda mexicana y fuerza antagonista del PRI, apoyaría la represesión además de
que aprobarían una ley en la que cualquier disturbio causado por pandillas
ameritaría hasta 50% más en la pena, entendiéndose por pandilla, la
participación de al menos tres personas, por lo que en cualquier manifestación
pública se podría acusar a sus participantes de pandilleros.
Aunque la represion que caracterizó la toma de posesión de Enrique Peña
Nieto pareció haber dado resultado, el movimiento #yosoy132 sentaría las bases
de las actuales protestas sociales en México desatadas por el crimen, hace más
de dos meses, contra 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro
Burgos” localizada en Ayotzinapa, Guerrero (cabe mencionar que de esa misma escuela surgirían guerrilleros como Lucio Cabañas) quienes habían tomado unos autobuses
para protestar contra la posible candidatura sucesoria de la esposa del
presidente municipal de Iguala, Guerrero que ese día conducía un mitín
político. Los estudiantes fueron detenidos por policias municipales y luego
entregados al cartel de los zetas que domina el estado y cuyos nexos con el
presidente municipal y su esposa eran muy conocidos en la región. Una vez que
se supo de la desaparición, el gobierno federal se negó a actuar pese a que se
ponía de manifiesto que el crimen organizado dominaba ya ciertos níveles de
gobierno. Finalmente ante la presión de la opinión pública, el gobierno federal
se vio obligado a actuar y el gobernador a renunciar. El presidente municipal
en fuga y su esposa fueron capturados más de un mes después y hasta ahora se
han negado a declarar, cosa extraña en este país donde hasta se logra hacer
hablar a las piedras, y si no, pues se inventan las declaraciones.
La desaparición de los estudiantes, considerada por todos un crimen de
estado, demuestra la corrupción que existe a todos los niveles del gobierno y
ha servido para dar nombre y rostro a los miles de desaparecidos pues en la
busqueda de los estudiantes se descubrieron muchas fosas clandestinas y cientos
de cadáveres. Este hecho depertó el interés sobre México de la opinión pública
mundial pues el gobierno de Peña había organizado antes una campaña a favor de
su persona. El Time titularía la portada con la foto de Peña como “saving
Mexico”. La violencia ni la corrupción no se había reducido en México, sólo se
ocultaba la información.
Desde la desaparición de los estudiantes se han suscitado muchas
protestas, en general pacíficas, pero en una de ellas un grupo intentó quemar
la puerta de Palacio Nacional.
El día 20 de Noviembre se realizó a una mega marcha para protestar contra
la violencia y la corrupción e incluso para pedir la renuncia de Enrique Peña
Nieto y se quemó una efigie de éste en el Zócalo, la principal plaza de la
ciudad. Participaron cientos de
miles de personas pero, como en la toma de posesión del presidente, las fuerzas
antimotines federales y del Distrito Federal a la señal de una bengala como
durante la matanza del 68, arremetieron con saña contra los manifestantes y
detuvieron aleatoriamente once personas que sin que prevaleciera la presunción
de inocencia, torturaron y enviaron a los penales de máxima seguridad acusados
de motín, terrorismo, delicuencia organizada e intento de homicidio. Gracias a las redes sociales se ha
desplegado información que muestra a miembros del ejercito vestidos de civil
actuando durante la marcha. Afortunadamente los detenidos ya han sido liberados
y ojalá que de ellos surjan los líderes que tanta falta nos hacen. Las marchas
no han parado y tampoco los infiltrados y la violencia policial. Es como si
existiera una total dicotomía entre el gobierno y los gobernados y fueran
fuerzas totalmente antagonistas.
El jefe de la policia del Distrito Federal, quien tuvo que renunciar
semanas después por las detenciones arbitrarias, declararía que felicitaba a su “personal por el trabajo demostrado, por el gran valor, gallardía, responsabilidad
y sobre todo restablecieron el orden público le guste a quien le guste”.
Peña, tratándo de mejorar su imagen,
declararía , usando uno de los slogans de las marchas que “todos somos
Ayotzinapa”, depués los padres de los desaparecidos declararían que todos lo
somos menos Peña.
Hace unos días el secretario de la Defensa Nacional y el de Marina se pronunciarían
diciendo que los padres de los 43 normalistas desaparecidos estaban siendo
manipulados. No aclararían exactamente con quñe finalidad, pues ellos sólo
demandan el esclarecimiento de la desaparición de sus hijos.
Tampoco la conducción del gobierno ha ayudado a mejorar el clima de
confianza, pues lo que va de la administración de Peña va manchado de
escándalos. A raíz de que la esposa de Peña, la exactriz Gabriela Rivera posara
para una revista de sociedad en una gigantesca mansión en una de las zonas más
caras de México y afirmara que allí vivirían al finalizar el gobierno de su
marido, se descubrío que esa casa de un valor cercano a los 9 Millones de USD que
no había sido incluida en la declaración patrimonial de Peña había sido
financiada por la constructora más favorecida en el Estado de México durante su
gestión como gobernador y que ahora realiza proyectos a nivel federal.
Publicamente declaro Rivera, en una de sus peores actuaciones pues se le nota
enojada y se expresa en tono de reproche, que la casa habia sido finaciada por
la constructora pero que ella la estaba pagando y al final dijo que iba a
renunciar a ella. Esa misma constructora de la casa presidencial había
recientemente participado junto con un gigantesco consorcio chino en una
licitación para la construcción de un tren de alta velocidad donde habían sido
los únicos postores pues los otros 16 oferentes se habían excusado de
participar por que no les habian otorgado el plazo necesario para preparar una
oferta tan complicada como esa. Finalmente se canceló el fallo de la licitación
pero el gobierno tendrá que pagar los costos en que haya incurrido el consorcio
ganador. Posteriormente se descubriría que el empresario en cuestión había
prestado otra casa al entonces candidato y le había facilitado aviones para sus
traslados. El Wall Street Journal publicaría también información sobre otra
casa “financiada” por el mismo grupo ahora a favor del ministro de finanzas,
que aunque él declara que todo está legalmente sustentado habría que
cuestionarse sobre todo la legitimidad y conflicto de intereses de estos
“financiamientos”.
Aunque haya quienes no particpen en marchas y consideren que la violencia
no afecta a la “gente decente”, el clima de indignación ante tantos casos de
corrupción, abusos y violencia sigue creciendo y el gobierno federal pareciera
un antagonista más del pueblo al cuál lo único que le importa es la opinión
internacional.