top of page

Vivamos nuestras tradiciones. Mes del orgullo gay.

  • yo8258
  • hace 22 horas
  • 5 min de lectura


Las conmemoraciones mundiales, caracterizadas por días dedicados a promover y tomar acción sobre un tema particular, aunque necesarias, en cierta forma se circunscriben a la hegemonía cultural de los países dominantes. El día del trabajo, que conmemora a los sindicalistas anarquistas injustamente ejecutados ––conocidos como los mártires de Chicago–, en México tiene su origen en una marcha convocada por la Casa del Obrero Mundial en 1913 que luego el sistema clientelar y corporativista mexicano se apropiaría y la transformaría en un desfile para demostrar sumisión al presidente en turno.


Curiosamente en Estados Unidos, el labor day se celebra el primer lunes de septiembre.

El día internacional de la mujer, declarado por la ONU, tiene su origen en los movimientos feministas rusos durante la revolución de 1917. Actualmente en nuestro país las manifestaciones del 8 de marzo se caracterizan por la violencia y el pillaje de algunos grupos; según algunas, justificados para visibilizar sus demandas, según otras, les roba legitimidad. Ya que la sociedad no toleraría de la misma forma que se diera ese tipo de violencia durante la marcha del orgullo LGBTTTIQ+, como afirmaba la Monsi (2022) la resistencia de los gays es la conversión del determinismo en relajo, de la culpa en desfile de modas, de la condena en ridiculización de las convenciones idiomáticas”, y la marcha, aunque sin dejar fuera las reivindicaciones, se ha transformado en un gran carnaval en la ciudad que a veces molesta a algunos miembros de la misma comunidad incomodados por la visibilidad de una diversidad que los enfrenta con su propia homofobia.



“La marcha”, como le decimos muchos, tiene su origen en la reacción de los parroquianos del bar neoyorkino Stonewall que el 28 de junio de 1969 respondieron a la represión policial lo que cohesionaría a esos grupos marginados en organizaciones para la defensa de sus derechos y al año siguiente se conmemoraría como el “día de la liberación de Christopher Street”[1] en lo que se considera la primera marcha del orgullo gay. De allí surgirían los eventos que ahora se dan en muchas partes del mundo. En Alemania le denominan el Christopher Street day (CSD) y en Japón, el Rainbow Pride, es principalmente una kermés comercial, donde, pese a tratarse del país del cossplay, carece del colorido de otros lugares y para participar en su desfile, donde no se observa mucha diversidad, hay que inscribirse en las comparsas de alguna empresa comercial por lo que las consignas que deberían buscar el matrimonio igualitario que sigue sin ser aprobado, quedan a un lado.

 


La reacción de Stonewall no habría sido el primer esfuerzo mundial en contra de la criminalización de la diversidad sexual. El Comité Científico Humanitario, fundado en Berlín en mayo de 1897, entre otros por Magnus Hirschfeld, se considera la primera organización por los derechos de los homosexuales en el mundo[2] ya que luchaba por la derogación del artículo 175 del Código Penal Imperial de lo que era entonces el imperio Prusiano que criminalizaba el coito entre varones, pero vaya uno a saber todos los esfuerzos que, fuera de ese norte global, no hayan sido registrados por la historia.

De acuerdo a la Secretaría de Cultura[3] el antecedente a la primera marcha en México tendría lugar durante la conmemoración del XXV aniversario de la revolución cubana. La marcha del 26 de julio de 1978 acogería un contingente de una treintena de personas del Frente de Liberación Homosexual reivindicando sus derechos. La primera marcha de orgullo gay tendría lugar al año siguiente en junio de 1979 y reuniría unas mil personas, y a partir de entonces se sigue celebrando el sábado más cercano a la conmemoración de Stonewall no importa que, en plena temporada de lluvias, terminemos con el maquillaje corrido y los zapatos enlodados. Curiosamente cuando comenté con uno de esos primeros marchistas de México sobre las discusiones de mover la fecha (como se ha hecho en muchos lugares del mundo), se oponía rotundamente pues afirmaba que debería convertirse en una tradición, como la navidad, cuando, en mi opinión, precisamente la diversidad es rebelarse contra las tradiciones.

 

En México existen varias historias que entrelazan la represión con lo pintoresco de nuestra cultura que se burla de sus tragedias. Que el número 41 se asocie a la homosexualidad masculina se originó por la redada que tuvo lugar en un baile la noche del 17 de noviembre de 1901 durante la época denominada el porfiriato, a donde afirman que asistieron 42 varones, la mitad de ellos travestidos pero ese número se redujo oficialmente a 41 porque se rumoraba que uno de ellos era el yerno de Porfirio Díaz[4].

Las crujías de la cárcel de Lecumberri en la ciudad de México (conocida como el Palacio Negro que operó como cárcel de 1900 a 1976) se designaban por letras, reservando la J a los detenidos por faltas a la moral, los homosexuales, de allí el término peyorativo joto para designar a los hombres gays quienes lo hemos adoptado sin tapujos pues para ser joto en nuestro país, se requieren huevos.



La marcha por la diversidad en México, pese a que han querido hacerla botín político y comercial, no hay, como en otros lugares, vallas que impidan la participación de cualquiera y una de las principales consigas que se gritan invitando a los observadores a incorporarse es: “banquetera, únete”



En esos más de treinta años desde mi primera marcha no sólo he participado acompañándola. Muchos años desfilamos como el contingente del Foro de Hombres gay, un grupo de reflexión política que habíamos hecho nuestra la lucha por la aprobación en la Ciudad de México de la sociedad de convivencia, un primer esfuerzo para reconocer las parejas de hecho, y nos gusta pensar que nuestra pancarta del 2001 orilló al presidente Vicente Fox a casarse al día siguiente con su amante con quien vivía desde su toma de posesión en los Pinos.

 


Aunque heterogénea en todos los sentidos: educación, deseos, origen, estrato; el rechazo de la sociedad, acompañado de represión, violencia y hasta muerte, cohesionaba a los grupos de la diversidad en una gran comunidad. El mundo es un pañuelo se dice, pero en el mundo gay, era más bien una gran cama. Al ir logrando algunas de nuestras demandas la comunidad se fragmentó. Los bares dejaron de ser clandestinos y empezó a haber clubs para ricos y pobres. Ya no era necesario cuestionarse la sexualidad, incluso pasamos de estar de moda a ser uno más, pero eso era lo que queríamos, que nuestra condición no nos hiciera diferentes. Ahora hay parejas que celebran su matrimonio en grandes fiestas, y hay divorcios, y solterones y quedadas y gays liberales y conservadores pero los colores del arcoíris en la marcha no se pierden.

 


[1] Blakemore, E. ¿Qué fue la rebelión de Stobewall y por qué es importante para el movimiento LGTBIQ+?, 23 de julio de 2025, EE.UU., National Geographic History.

[3] Breve Historia de la primera marcha LGBT+ de México.

[4] Monsivais, C., (2022), Los 41 y la gran redada, México, Letras Libres

 
 
 

Entradas recientes

Ver todo
En defensa del Chicharito. Estereotipos de Género

Era Julio de 2025. Nos reuníamos después de mucho tiempo de ausencias compartidas y tras los apapachos habituales, mi amiga nos contó, más divertida por la temeridad que el futbolista pagó caro, que i

 
 
 

Comentarios


© 2035 por NÓMADA EN EL CAMINO. Creado con Wix.com

  • Twitter Round
  • Instagram - Negro Círculo
bottom of page